De esta forma, vemos a gente intentando de forma desesperada reparar un pendrive que están simplemente hechos polvos, ya se han caído de alturas considerables, han acabado en la lavadora o vete tú a saber los mil infortunios han podido sucederle, pero el empecho hay que reconocerlo y salir adelante como uno mejor pueda, al y al cabo no hay más solución.
He de confesar una cosa, me parece admirable esta forma de proceder, lo admito, y más cuando vemos como nuestros amigos pueden comprar pendrives baratos y nosotros también de cualquier forma y en cualquier tienda de barrio o gran almacén, pero preferimos que nuestro antiguo pen drive continúe con nosotros algunos años más. En el fondo, la crisis lo que ha generado es que estemos más unidos a nuestras antiguas cosas, y que las tratemos mucho mejor.
